martes, 3 de julio de 2007

Desde las calles que se bifurcan


La Plata, diseñada como urbe modelo en 1882, ofrece variados atractivos culturales, parques temáticos y amplios espacios verdes.

Muchos coinciden en lo linda que es La Plata, pero pocos conocen los innumerables atractivos de la capital de la provincia de Buenos Aires. Suele ser un destino de trámites administrativos, que no dan tiempo para descubrirla.

Fue planificada y construida antes de ser habitada, por lo cual nada de su diseño quedó librado al azar. Cada edificio, cada calle en diagonal poblada de tilos y cada uno de sus numerosos espacios verdes fueron ubicados de la mejor manera, cuando los recursos económicos abundaban. Después de que Dardo Rocha colocara la piedra fundamental en 1882, la elegancia arquitectónica de Pedro Benoit dio origen a majestuosos palacios, edificios públicos y la emblemática Catedral.

La Plata se levanta como un tablero lleno de espacios verdes: una plaza cada seis cuadras y, en los extremos de sus ejes fundacionales, dos pulmones bien marcados: el Parque Juan Vucetich -en la avenida 25 entre las calles 50 y 54- y el Paseo del Bosque, un lugar tradicional complementado por el Zoológico, el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio y el teatro Martín Fierro, que se integran con la arboleda y completan el paisaje. Grandes y chicos pueden disfrutar de un día de sol al aire libre, dar un paseo en balsas a pedal o pescar en el lago, recorrer una feria artesanal y asistir a algún show en el anfiteatro o a espectáculos callejeros para todos los gustos y edades.

Trazada por Benoit, la Catedral de la Inmaculada Concepción, frente a la Plaza Moreno, se hace visible mucho antes de ingresar al seno de la ciudad. Los ladrillos rosados a la vista se alzan hasta el infinito, a modo de templo neogótico que nada tiene que envidiar a las catedrales europeas. Al igual que estas últimas, la de La Plata fue construida en más de cien años, hasta el 2000, con sus dos torres principales resplandecientes. El visitante puede descender a la cripta, donde, junto al monumento a Dardo Rocha, reposan sus restos y los de su esposa.

A un costado del mausoleo, en la misma planta, el Museo de la Catedral permite descubrir, desde las entrañas, la historia, la arquitectura y la religión que dieron origen y mantuvieron en pie estos imponentes muros. Además, hay dos salas donde se renuevan bimestralmente diferentes muestras de artistas locales y extranjeros. No hay que irse sin visitar la Torre de Jesús, ornamentada con imágenes que representan su vida. Se sube mediante un ascensor que se detiene en miradores a 42 m y 63 m de altura.



Ornela Perullo


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